Des-motivación y TEA

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¡Aguantad!, ¡Aguantad!

La caballería del ejército enemigo está cada vez más cerca, haciendo que el suelo tiemble bajo los pies de la impenetrable falange macedonia. Apenas 50 metros, unos segundos, les separan de un choque frontal que decidirá entre la vida o la muerte para muchos de ellos. Pero los soldados que forman la primera línea de infantería, se alejan del fracaso para enfocarse en lo que pueden controlar: mantener su rodilla y escudos clavados en el suelo, en formación, seguros de la victoria y con la sarissa de 7 metros dispuesta hasta que su líder de la orden esperada, sabedores que en esa estrategia están depositadas parte de las expectativas del éxito de la jornada.

¡Aguantad, Aguantad! Alexandros “el Macedonio”, aguarda el momento oportuno, sin dejarse llevar por la presión, acompañando y liderando a su ejército en primera línea de combate, convencido de que el duro entrenamiento diario de sus tropas y el análisis previo del enemigo les dará una nueva victoria en el campo de batalla, que mantendrá motivados a sus soldados.

¡¡Ahora!! Y de pronto, todos los soldados a una levantaron sus lanzas, convirtiendo la llanura en un amasijo de lanzas infranqueables para caballos y jinetes. El primer paso para la victoria se había dado.

Como comentábamos en “La mirada de Aníbal” un general tiene que conocer a sus soldados y mucho más a sus enemigos, para liderar de forma efectiva cada uno de los pasos que le separan de su objetivo final.

En nuestro caso, tenemos que liderar y entrenar a una falange compuesta por soldados perfectamente pertrechados y armados y otros que parecen distraerse con el ruido de los cascos de los caballos al golpear el suelo o con el suave y rugoso tacto de la lanza en su mano. Convertirla en una legión invisible o en una con su propia identidad, sin duda es nuestro mayor reto.

¿A quién pones en primera línea para afrontar un reto familiar y a quién proteges?

Cuando convives con el autismo, creo que es importante tomar consciencia de cómo nos relacionamos con él, sobre todo si tienes otros hijos te va a permitir diagnosticar si tu estilo educativo se ve alterado por este hecho o si tus expectativas se ven modificadas.

  1. ¿Por qué aguantaban los soldados de primera línea hasta el último segundo? Porque estaban entrenados. Todos los días visualizaban con su líder cómo hacer frente a esa misma escena, recreando la batalla una y otra vez, matando al compañero si era necesario para darle mayor credibilidad. Alejandro sabía que, aunque fueran entrenamientos, debía incorporar el factor emocional para que fuera efectivo.

Esto les permitía tener integrados y mecanizados los movimientos y estrategias y sobre todo confiar en sus posibilidades cuando llegara el día del combate real.

  1. ¿Y con mi hijo qué ocurre? Muchas veces les pedimos que controlen su enfado, que hablen más con alguien cuando llega a casa o que no interrumpa una conversación cuando me paro en la calle. La pregunta que debemos hacernos es si los hemos entrenado lo suficiente para hacer frente a ese enemigo. Alexandros no ponía en primera línea a aquéllos a los que no veía preparados. Pero sí que los dejaba luchar solos en pequeñas emboscadas que les servía para coger confianza y destreza en las armas. Eso mismo debemos hacer nosotros con nuestros hijos: ponerles al frente de objetivos menores que les permitan desarrollar poco a poco su potencial, ese oro que llevan dentro. Y poco a poco, a medida que vamos entrenándolos con más “armas”, exponerlos a luchar contra elefantes y el todopoderoso ejército persa. Pero si lo hacemos antes de que estén preparados, lo normal es que salgan corriendo, centrándose más en sus debilidades y limitaciones que recoge el autismo que en todas las habilidades que tienen ellos como personas ajenas a una etiqueta.
  2. ¿Qué mantuvo tantos años al ejército motivado? Conseguir metas ilusionantes y alcanzables, es decir, las expectativas día a día eran reales. Pero esto no siempre fue fácil. Ponte ahora en el lugar de Alejandro, que tiene que estar al frente de un ejército al que tiene que convencer que les va a llevar más allá de donde nadie ha ido jamás. Que les va a colmar de riquezas y que hará que sus nombres y legado sean recordados a lo largo de la historia. ¡Menuda responsabilidad! Logró convencer a sus tropas porque él estaba convencido de conquistar el mundo.

“No puedes llevar a nadie más lejos de dónde tú mismo has llegado”

Carl jung

Para lidiar con la desmotivación familiar tenemos que tener en cuenta algunos factores:

  • Para convencer a nuestros hijos de su potencial, será fundamental creer en cada una de las estregias y mensajes que vayamos a usar con ellos. En caso de que no funcione, toca aprender de la experiencia y probar cosas nuevas que se ajusten a nuestro modelo familiar.
  • La desmotivación viene cuando las expectativas que nos ponemos con nuestro hijo son demasiado altas o el tiempo que programamos para alcanzar la meta es demasiado corto. Entonces en el momento que no logramos los objetivos, tiramos la toalla.
  • Y la tiramos porque no todos somos Alejandro, no todos los padres y madres vamos a pasar a la historia. A veces preferimos mirar para otro lado, culpar al entorno que descansar, tomar aire y pensar nuevas formas de “derrotar al enemigo” que tengo delante. La desmotivación familiar sucede en gran parte por sentir que el camino que queda por recorrer en demasiado largo y sin una meta visible a la que llegar. Cuando sientas eso, recuerda lo que hacían todos los grandes conquistadores de sueños imposibles: parar, descansar, reflexionar, encerrarse con su amante durante unos días y tras compartir sus dudas, encontraba nuevas maneras de afrontar la situación. ¡Cuidarse para cuidar! Eso te permitirá o rebajar la expectativa o seguir trabajando duro a diario para cubrir el hueco que existe entre la situación que vives hoy con tu hijo y la ideal en la que te gustaría estar.
  • Y el último factor que quiero destacar hoy es el relacionado con el resultado de nuestro trabajo. El resultado va a ser siempre la suma de nuestro esfuerzo y dedicación junto con la habilidad que tengan nuestros hijos o nosotros como educadores de vida. A mayor habilidad en algo, menor esfuerzo habrá que invertir y si hay que esforzarse más querrá decir que existe menos habilidad innata.

RESULTADO= HABILIDAD+ ESFUERZO

En cualquier caso, no conseguiremos ningún resultado positivo sin esfuerzo por nuestra parte o de nuestro hijo. Y en ese esfuerzo va a radicar lo más importante en la educación: el aprendizaje.

¿Aprendiste algo? Esperamos tus comentarios.

Álex Calvache. Equipo de Aliteando

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2 comentarios en «Des-motivación y TEA»

  1. Me veo reflejada en cada uno de los supuestos que planteáis en esta entrada tan literaria, aunque no sé si el símil es apropiado, porque precisamente cuando he dejado de plantearme la educación de mi hijo como una imbatible batalla y he entendido que lo estoy preparando para la vida como a cualquiera, ha sido cuando he empezado a tener presente todos esos valores que comentáis. La paciencia, la escucha, el sentido del tiempo, la observación, la confianza, llegan cuando desaparece la ansiedad, el desaliento y las falsas expectativas. Muchas gracias por compartir.

    Responder
    • Gracias Rocío!! La verdad es que como bien sabes en la educación y en la música pasa eso, nunca sabes la estrategia que va a terminar funcionando. Mucho más cuando hablamos de un entorno TEA en donde la «melodía» que menos te esperas es la que te acaba funcionando y encajando en sus necesidades. Ánimo en esa tarea de educadora de vida, ahí no existen vencedores ni vencidos. Un abrazo!!

      Responder

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