Herramientas para recuperar la calma en momentos de intensidad emocional (parte 1)

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Manos pintadas con emociones

Cómo apagar el fuego de un volcán

Desarrollando autoregulación y control

Esta es una de las demandas más frecuentes de las familias: ¿Cómo puedo enseñar a mi hijo a gestionar sus emociones?

Para hablar de autorregulación, es importante comenzar por describir el proceso desde el acompañamiento del adulto. El adulto debe encontrar el equilibrio entre:

  • Responder a las necesidades del niño (ofrecer acompañamiento firme y amable, satisfacer las necesidades que están surgiendo), y
  • Dar tiempo para que el niño experimente progresivamente su autocontrol o autorregulación. Ésta es la fase más compleja, primero los peques necesitan nuestro acompañamiento, antes de poder regular sus propias emociones. Somos nosotros los que CORREGULAMOS inicialmente sus estados emocionales intensos. En niños pequeños y en los que sus habilidades cognitivas o comunicativas sean todavía poco eficaces, SIEMPRE priorizamos atender a sus necesidades. De este modo generamos un vínculo seguro (los niños perciben “mi figura de referencia siempre está disponible”), base para la posterior construcción de las habilidades de autorregulación.

El proceso de aprendizaje de la autorregulación suele ser largo y comienza por la corregulación: el adulto utiliza su propia capacidad para calmarse, y así poder acompañar y apoyar a un niño QUE ESTÁ APRENDIDENDO a conocer, identificar y gestionar sus emociones.

Cuando un niño aprende a caminar, no le decimos “muy mal” si se cae o tropieza, sino que le invitamos a continuar intentándolo y le acompañamos sin perder la calma en su proceso de aprendizaje. Entendemos que es una cuestión de tiempo, y no nos lo tomamos como algo personal. Sin embargo, cuando nos movemos en el mundo de las emociones y los comportamientos, nos cuesta mucho más dar tiempo, no penalizar o juzgar sus errores (que son parte del proceso de aprendizaje) y tendemos a perder la paciencia y esperar que hagan algo para lo que todavía no están listos (fíjate lo complejo que es, simplemente observa cuánto te puede costar a ti no perder la calma en momentos de conflicto, o cuando una emoción intensa nubla tu paciencia y templanza). Por tanto, si somos capaces de cambiar nuestra mirada sobre el mundo emocional de los niños y sus comportamientos en los momentos en los que están sobrepasados por una emoción, podremos acompañarlos desde la empatía y la conexión, desde el aliento y no desde el castigo o reproche.

Para alcanzar el estado de autorregulación de las emociones, es de vital importancia desarrollar la capacidad de ser conscientes de las propias emociones y de las de los demás. Este aprendizaje es la base de la llamada Teoría de la Mente (capacidad de comprender mi mundo mental y el de los demás, para poder anticipar y responder a las demandas sociales y emocionales). Esta es una de las dificultades más importantes que presentan los niños con TEA, por lo que el acompañamiento en el desarrollo emocional es una prioridad.

Es una cuestión de PRÁCTICA, de “ir al gimnasio emocional” de forma regular y frecuente, de que cada momento de “destape” emocional sea tomado como una OPORTUNIDAD de entrenar este aprendizaje sobre su propio mundo emocional, y más adelante del de los demás (empatía). Sólo la práctica podrá generar nuevas conexiones neuronales, que son el sustento biológico de los aprendizajes. Por tanto, es importante no pretender ni poner la energía en que esto se pueda aprender de un día para otro, ni de que sean expertos en regulación emocional de forma mágica. Lleva su tiempo, debemos estar preparados para acompañarlo con paciencia y con la mayor calma posible.

La finalidad es que los niños y niñas puedan progresivamente emplear su lenguaje (u otras herramientas comunicativas alternativas) en lugar de su comportamiento (que casi siempre tachamos de “inadecuado”, cuando en realidad es la única herramienta que tienen a su alcance para informar de un malestar o de una insatisfacción de una necesidad,) para expresar sentimientos, necesidades o malestar.

Otro aspecto fundamental, y que debemos tener muy presente es la necesidad de validar sus emociones. Me encuentro en muchas ocasiones que padres o profesionales, ante un enfado de un niño, tienden a expresarse del siguiente modo “Enfadado no, muy mal. Contento”, negando la emoción que están sintiendo. Esto genera en los chicos mucha frustración al no sentirse comprendidos, confusión al no saber exactamente qué es lo que están sintiendo, y dificultad para ajustarse a las demandas del entorno. Lo que sienten los niños siempre es válido y debería ser nombrado y aceptado, forma parte de su aprendizaje en relación al mundo emocional. Otra cosa son las acciones que acompañan a sus emociones, éstas sí son las que debemos acompañar e ir abordando de manera que cada vez sean más adaptativas y funcionales. Mostrar qué opciones tienen para manejar esa emoción de un modo más adecuado y saludable es nuestra verdadera tarea como “entrenadores de vida”.

El proceso consiste en que los niños y niñas puedan ir aprendiendo a conectar sus propias sensaciones corporales con sus emociones. Para ello, observamos cuáles son sus señales de expresión emocional, y les ponemos un nombre, nombramos la emoción en el mismo momento en el que está surgiendo, desde la descripción, ajustando nuestro lenguaje a su capacidad de comprensión, y añadiendo información visual a dicha descripción. En ese momento, los niños irán asociando esas sensaciones corporales con una emoción (alegría, tristeza, cansancio, enfado, etc.). Este es el primer paso, la propia vivencia. El juego con imágenes y con material más abstracto vendrá después. No tiene sentido comenzar con el trabajo de aprendizaje emocional con historietas o cuentos, primero es necesario que aprendan de sus propias experiencias, y de las experiencias de las personas cercanas a ellas (por ello, también es importante nombrar las emociones que nosotros vamos experimentando en los momentos compartidos). Poco a poco, iremos incorporando material más abstracto, y serán capaces de asociarlo a las sensaciones experimentadas por ellos mismos.

Otro aspecto importante a tener en cuenta, es la imposibilidad de resolver problemas o aprender nueva información cuando estamos en una emoción intensa, cuando estamos muy enfadados, asustados o estresados. En ese momento nuestro cerebro racional está temporalmente inactivo (el que permite tomar decisiones eficaces, flexibilizar nuestro comportamiento o pensamiento, o empatizar), y toma el control el cerebro más instintivo (el que nos invita a luchar, huir o paralizarnos). En los niños y niñas también, y más se acentúa. Si quieres tener más información sobre “los tres cerebros”, pincha aquí. Incluso puede ser interesante mostrárselo a los niños más mayores con buena capacidad de comprensión y abstracción.

Solo en estado de calma se pueden encontrar buenas soluciones (que no dañen a ninguna de las partes del conflicto) y generar comportamientos adaptativos y adecuados.

¿Qué factores influyen en la desregulación emocional en niños con TEA?

  • Dificultades en la comunicación, en ausencia o no de lenguaje: tener dificultad en la expresión de sus necesidades, de sus emociones, lo que desean o les produce malestar, naturalmente genera en ellos mucha frustración, rabia, confusión y enfado.
  • Modo de percibir y sentir diferente, que genera estilos perceptivos y cognitivos también diferentes: en muchas ocasiones generará en ellos una sobrecarga en muchos sistemas como el sensorial. También reciben de forma más intensa los cambios en rutinas y planes, la excesiva demanda social y de interacción, así como la dificultad para asimilar la elevada carga de demandas del adulto, que en muchas ocasiones no tiene sentido para ellos.
  • Ambiente desordenado y poco predecible: la generación de patrones rutinarios responde en la mayor parte de ocasiones a la necesidad de encontrar un ambiente seguro y predecible, ante la constante demanda de una información para ellos difícil de traducir y comprender, como es la demanda social y comunicativa. Por ello, se sienten más seguros en un ambiente predecible, que esté bien estructurado y les resulte familiar. Cualquier cambio, por mínimo que nos parezca, les puede generar mucha ansiedad, por ello es importante anticipar, estructurar y generar espacios y rutinas predecibles. Poco a poco iremos generando cambios progresivos, para que también encuentren herramientas y estilos de afrontamiento ante los cambios que la propia vida nos trae.

¿Y cómo podemos ayudar y acompañar a recuperar la calma en momentos de “destape”?

Volvemos a poner el foco primero en el adulto que acompaña, antes que pensar qué le podemos enseñar a los niños. Es decir, las primeras acomodaciones las tenemos que hacer nosotros, en ofrecer los apoyos y ajustes que necesitan, y en el contexto. Tenemos que adaptar nuestro estilo de comunicación, de relación y de enseñanza. Por lo tanto, como prevención, siempre tendremos en cuenta estos factores:

  • Asegurar que tiene un sistema de comunicación eficaz, que le permita expresar y compartir necesidades, deseos y malestar. Nosotros al mismo tiempo, debemos adaptar nuestra comunicación respetando sus ritmos, su código, empleando expresiones claras y sencillas.
  • Adaptar el entorno para que sea comprensible y anticipable para él. El empleo de apoyos visuales (agendas, calendarios…) ayuda enormemente a generar estabilidad emocional. Hacer transiciones entre actividades haciendo visible el tiempo que durará y el tiempo que queda puede ser de mucha utilidad también (uso de temporizadores visuales y relojes sencillos). Emplear secuenciación de actividades (por ejemplo, indicar visualmente “primero-después”), les ayuda mucho a estar más tranquilos en los diferentes contextos y entornos.
  • Conocer sus gustos, preferencias, estímulos placenteros y también aquello que le produce sobrecarga o desregulación sensorial, y por tanto emocional. Adaptar el entorno a su sistema de procesamiento sensorial es prioritario.

Una vez que ya hemos revisado que todos los protectores mencionados están bien ajustados, nombraremos algunas otras cosas que se pueden tener en cuenta para acompañar momentos de desregulación emocional.

Ya en la segunda entrega de este post, encontraréis algunas herramientas útiles y un imprimible gratuito (rueda de la calma adaptada con pictogramas).

Esperamos que te resulten útiles estos recursos. Cualquier duda o comentario serán muy bienvenidos. Entre todos co-creamos una red de recursos que puedan ser valiosos para muchas familias.

Un abrazo,

Alicia Rodríguez

Equipo de AliTEAndo

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2 comentarios en «Herramientas para recuperar la calma en momentos de intensidad emocional (parte 1)»

    • África, ya sabes que no es exclusivo de TEA! ;))
      Caben las «Ineses», los «Pedros», las «Maras» y TODAS las personas, independientemente de sus condiciones vitales.
      Creo que la clave está en comprender la causa (que quizá en TEA haya algunos factores más específicos a tener en cuenta) y las necesidades que están necesitando de nuestro acompañamiento, y dado que todos los seres humanos tenemos necesidades por cubrir (son universales), estas herramientas son ampliables. Además, no creas nada de lo que te digo, verifícalo con tu experiencia (es un mantra que rescato de Borja Vilaseca y me parece muy interesante). Te propongo que puedas probar alguna herramienta o Tip de los que se sugieren en este post y nos cuentes qué tal, te animas???
      Un abrazo!

      Responder

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