Trastorno del Lenguaje y adolescencia

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Por PILAR NAVARRO MOLINA

Pilar Navarro, directora del Centro ComunicaT, logopeda y psicopedaga con amplia experiencia en el tratamiento de chic@s con Trastornos del Lenguaje (TEL), nos comparte su experiencia en relación a qué ocurre una vez que llega la adolescencia con los chic@s con TEL. Sus vivencias y experiencias relatadas en este artículo nos desvelan algunas claves importantes a tener en cuenta en su acompañamiento.

Cuando un niño es diagnosticado de trastorno del lenguaje, generalmente en los primeros años de su vida, es porque presenta dificultades evidentes en la comunicación, centrándose éstas en el uso de la “herramienta” de la que disponemos para relacionarnos con nuestro entorno, el lenguaje verbal y no verbal.

 A partir de aquí, comienza una larga historia de terapias, enfocadas a mejorar esa “herramienta”, con el objetivo de ir alcanzando niveles de lenguaje adecuados, puesto que hay estudios (Stohard et al., 1998) que indican que cuando las dificultades de los niños con TEL son resueltas antes de los 6 años, éstos siguen mostrando habilidades más adecuadas de lenguaje, mientras que aquellos que no las han podido resolver, o minimizar, seguirán presentando esas dificultades de forma significativa. Así que, empieza una carrera contrarreloj para las familias, que sin pretenderlo se centrará en mejorar ese lenguaje para que les permita seguir los objetivos académicos, puesto que la mayoría de los niños con TEL presentan afectación, en mayor o menor grado, en uno o varios componentes del lenguaje expresivo y comprensivo, lo que tiene como consecuencia que el alumnado con TEL tenga un alto índice de fracaso escolar, pues el lenguaje verbal es la vía principal de enseñanza y aprendizaje.

Pero ¿qué pasa con el lenguaje no verbal? 

La literatura disponible indica que los adolescentes y adultos con TEL presentan un crecimiento estable de las habilidades verbales globales, tanto en lenguaje expresivo como comprensivo, pero no ocurre lo mismo con el lenguaje no verbal. Estudios longitudinales nos han demostrado que en adolescentes persisten dificultades en habilidades sociales por culpa de las alteraciones presentadas en la percepción de señales no verbales.

Hace tiempo, estaba en terapia trabajando con Juan, había evolucionado muy bien e iba superando sus dificultades del lenguaje comprensivo y expresivo, todos estábamos muy contentos, pero ese día Juan no lo parecía. Entonces le pregunté, como otras veces, por cómo se sentía cuando estaba en el instituto y entonces contestó con un rotundo “¡siento miedo!”. 

Ese miedo al que se refería tenía que ver con diferentes situaciones que vivía a lo largo de su jornada escolar. Miedo a no comprender lo que están hablando mis amigos en el recreo, miedo a no saber explicar lo que tengo que decir cuando me peguntan en clase, miedo a iniciar una conversación y no saber seguirla, miedo…

Esta es una de las mayores dificultades a la que se enfrentan los niños con TEL, descifrar el lenguaje no verbal que engloba movimientos de la cabeza, la orientación de la mirada, la expresión facial, los gestos corporales y otros más que pueden ser perceptibles de forma intuitiva o pasar totalmente desapercibidos por algunas personas. En este último punto se sitúan los niños con TEL, con los que hay que trabajar de forma explícita la comprensión, procesamiento y respuesta de estos gestos que acompañan al lenguaje verbal y que tienen la misma, o a veces más, carga comunicativa. 

Juan me enseñó en ese momento que la intervención en los aspectos formales del lenguaje debía pasar a segundo plano, ese día comprendí que, como terapeutas nos centramos en que superen sus dificultades del lenguaje sin incidir demasiado en las consecuencias emocionales que éstas tienen para ellos. 

¿Qué dificultades emocionales se encuentran en la adolescencia de niños con TEL?

Y de qué consecuencias estamos hablando. Los adolescentes con TEL presentan más del doble de problemas emocionales y conductuales que sus iguales (Yew y O’Kearney, 2013). Investigaciones (ContiRamsden et al) han confirmado la relación entre las habilidades lingüísticas, especialmente pragmáticas, y las dificultades emocionales y conductuales. Han destacado el papel de los problemas de lenguaje en el escaso desarrollo de relaciones íntimas y de amistad en adolescentes con TEL, especialmente de aquellos con menos habilidades sociales.

De entre las manifestaciones que suelen presentar en la adolescencia vemos: aislamiento, ansiedad, retraimiento, depresión, escaso control e inhibición, impulsividad, ira, conductas desafiantes, hiperactividad, conducta antisocial o conductas descontroladas. 

Después de muchos años trabajando con chicos con TEL, he podido vivir algunos episodios que demostraban alguna de estas manifestaciones mencionadas. Hemos vivido situaciones de impulsividad ante un malentendido, por no comprender bien el mensaje, situaciones de ansiedad, por no poder encontrar las palabras exactas para contar algo que le había pasado del cole; y todo esto en situaciones de terapia controladas y estructuradas, imaginaos esta misma situación cuando los entornos eran menos amables o poco facilitadores.

Además, con todas estas dificultades emocionales, problemas conductuales asociados y baja autoestima, la probabilidad de sufrir acoso es tres veces superior a la de los niños con desarrollo típico. Las buenas habilidades de comprensión, tanto del lenguaje verbal como del no verbal, facilitan el desarrollo de conductas prosociales como protectores potenciales del acoso, pero en niños con Trastorno del Lenguaje, estas habilidades no están presentes por lo que se tienen que trabajar de forma explícita.

¿Cómo les podemos ayudar?

Se puede decir que, en general, una buena competencia lingüística desde la infancia afecta al ajuste conductual posterior. Si, como decimos, ayudamos a mejorar los componentes del lenguaje cuanto antes, conseguiremos una mejor comprensión del mensaje, facilitando un correcto procesamiento y elaboración de una respuesta adecuada. 

Pero podemos ir un paso más allá, estos niños nos enseñan todos los días que pueden tener un lenguaje adecuado, que pueden contar con un léxico fluido, con una gramática compleja y aún así seguir sin percibir intenciones, señales comunicativas inferidas, escondidas detrás de una frase, de un gesto o de una mirada.

Después de todo lo que sabemos sobre el TEL, sobre las consecuencias que ocasiona en los chicos y en sus familias, concluimos que nuestras intervenciones tienen que ir encaminadas a garantizar, desde muy pequeños, que tendremos como objetivo principal la comprensión del componente pragmático del lenguaje, la mejora en las competencias conversacionales y sobre todo la temprana evolución en habilidades sociales.

Sabemos que, si la parte emocional no está bien, condicionará su funcionamiento social, académico y adaptativo, por tanto, nuestra intervención debería plantearse diversas cuestiones primordiales, tales como: ¿cómo le puedo ayudar a autorregularse emocionalmente?, ¿cómo puedo intervenir para que sea más hábil identificando señales comunicativas?, ¿cómo le puedo ayudar para que sea capaz de asignar la relevancia adecuada a sus problemas y de construir por tanto una respuesta eficaz? Y, por último, ¿qué componente del lenguaje voy a intervenir que garantice que ese niño, que ese adolescente, va a tener una buena calidad de vida?

Pilar Navarro Molina. Directora de ComunicaT.

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